30/1/12

Carta a...

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Esta vez, no habré de escribir para ningún humano existente de esta tierra.
Esta vez, mi escrito va dirigido para  alguien más sublime, más especial.
Carta a...
“Mi amado dios”
Contigo, cuándo antes tan solo, en mis años de juventud rezaba, creía que rezaba, y era suficiente hacerlo en cada noche o día.
Más los años pasaron, entonces con el sufrimiento de ellos, fui aprendiendo, que no era solamente rezar, era más bien platicar contigo que me conoces tanto.

¿Recuerdas cuánto sufrí?
Sin embargo, y aunque ahora estoy tan solo, te doy tantas gracias por el aquel ayer, por mis sufrimientos que, aunque no concibo el ¿Por qué? Te doy gracias.
Mi carácter era entonces tan difícil, ¿Te acuerdas?
¡Cuánto tuve que luchar contra mi mismo, mi ser interior y subconsciente, aproximados 20 años luchando contra mi enojo que a mi mismo, me hacía sufrir.
No entendí nunca el ¿Por qué de ello? Pero cuándo quise seguir con mi educación… tal vez, como ideal absurdo de mi “Madre en vida” por un supuesto respeto y admiración por mi persona humana, creo…
¡Ni lo logré, y encima, quede tan solo!
Querer aparentar alguien quien yo, no era, esa faceta de “General” ante mi familia, mis compañeros o aquél que me rodeara, era tal vez, una especie de ¿Escudo, para que los demás me respetaran según, o no me hicieran sufrir?
Fui creciendo y pase a ser “Padre” y cuándo ame tanto a mi primera hija… ¡La perdí para siempre!
Quería darle toda mi ternura, mi amor, mi paz, mi todo entero de bondad, más… se me fue.
¿Será acaso esa la causa, de mi exagerado cambio de mal carácter, relacionada con aquella pérdida?
Solo sé que los años pasaban y no era feliz, intentaba serlo, más no podía, tome algunos pequeños tratamientos psicológicos ¿Recuerdas?
Pero,
O terminaba gustándome o enamorándome de las doctoras, o pensaba
¿Erróneamente, que lo que querían de mi, según por tantos traumas de mi infancia, someterme a terapias más continúas donde ellas ganarían más dinero y yo, dude?
¡Todos los tratamientos abandoné!
Fueron muchos, y años de intentos, más, creí podría solo vencerlo, tampoco pude, pero mis problemas sufridos de la niñez se acrecentaban tanto en mi juventud y pre madurez, que termine destrozando y destrozándome a mi mismo de todo lo que quería… ¡Mis siguientes hijas!
Uniones matrimoniales insanas, mal encaminadas por inexperiencia y falta de conocimiento
¿Recuerdas cuántas veces te grite ayuda?
Hoy, te doy gracias, porque me has amado tanto, protegido, que, no tengo palabras para decirte cuánto me has enseñado.
Fueron años tan difíciles de mi vida que…
¡De cuántos intentos de suicidio me salvaste! ¡Accidentes increíbles, saliendo propiamente ileso! Con consecuencias físicas obvias, pero por tu ayuda y mi lucha… casi imperceptibles al ojo humano de esta sociedad juzgadora.
¿Cómo no te voy a gradecer?
Sí tanto me has cuidado y salvado. Más, que difícil ¡Oh, mi dios!
¡Cuánto tuvo que pasar, cuánto tuve que perder, para lograr la poca o mucha sabiduría actual!
Entonces,  después de mi primer fracaso matrimonial me uní a una mujer hermosa

¡Más por pasión! que por amor…
Y al igual ella, ¡Más por protección y conveniencia a su hija! y no amor…
Tuvo que venir tardía una fuerte decepción, al amar ella, a quién según ¡Sí era! El amor de su vida… Ocasionándome un fuerte infarto, con otros después, para que al fin…
Por extrañeza de los médicos a antecedentes de males cardiacos, intentos de suicidios, insomnios constantes desde niño y por largas temporadas, accedí a todo un tratamiento de psicología, psiquiatría, cardiología, medicina general, nutriólogo, dentista y más, para salvarme a mi mismo.
Vino tu ayuda verdadera que, aunque desde pequeño me ofrecías, la sentí tardía, sí, estaba ciego, podía ver el árbol más hermoso frente a mí, sin verlo o apreciarlo. El animal más tierno, cariñoso y amado, y yo… ¡Ni siquiera saber, que en verdad era un gran pedacito de ti, para mí, de amor y cuidado!
¡Cuánto oh, mi señor, ha tenido que pasar, que aprender, que perder, para darme cuenta real de tu luz!
¿Por qué de tanto sufrir? No entiendo, pero tampoco te cuestiono.
Pero al fin… ha llegado tu luz…
Gracias a ti, y al tratamiento psiquiátrico y psicológico y mi fuerza de voluntad
¡Ahora, si soy feliz!
Más… ¿Por qué tan tarde, porque ahora, que lo he perdido todo?
Un tratamiento que si hubiese tenido desde joven, mi vida hubiese sido otra, me hubiese casado, con el ideal de mujer que tanto añoraba, esperaba, tenido una familia ¡Feliz! Más, no sé por qué tuvo que pasar así, tus designios  los desconozco, pero te agradezco que ahora
¡Todo estoy rápidamente entendiendo!
Pero a veces también me pregunto…
¿Te pregunto, por qué tan tarde, por qué ahora, que he perdido toda posibilidad de amor, economía o hasta salud física, casi en mi último lecho de dolor?
Tuve que comprender tan tarde que sin querer o desear, consciente o inconsciente
¡Yo mismo lo cause!
¿Recuerdas cuán enojón era? A veces, ¿Déspota? ¡Tanto error! Ahora estoy curado…
Ahora cada cosa la disfruto, un árbol, una planta, un animalito que me da su amor, un platillo que disfruto, una caricia que ya casi nadie me da, un beso de amigos, ¿Porqué ahora que he perdido todo?
¡Por qué no pude darme cuenta consciente a tiempo! Que lo que estaba sembrando, ¿Sería mi propia cosecha de soledad en el mañana por tan penoso error?
Ahora todo lo entiendo, desde el hecho inútil del sufrir por la carestía del dinero porque quería darle a mi familia lo mejor, hasta mi enojo por la absurda desesperación al intentar según educarlas, sin amor, con ¡Tanto error! Tanta impaciencia de desconocer que podría en el futuro, 
¿Quedar sin amor y tanto dolor?
Te doy gracias, por qué me has concedido verlo a tiempo o destiempo, algunos ¡Jamás siquiera lo ven! Creo en ti, en tu amor, y aunque las causas de mi sufrir desconozco, sé que ahora, podrá entonces
¿Llegarme algún amor?
Tú sabes que soy tuyo, que estoy en tus manos y disposición de lo que quieras de mí, si vivo o muero, pero antes, antes ¡Lucharé y lucharé!
¡Llegar lo más alto posible, que todos me reconozcan, aunque después de muerto!
Pero al menos sepan, que ¡Luche siempre, por intentar, ser el mejor!
¿A quién le tocara juzgarlo? Solo a ti…
¡Ayúdame a jamás soltarme de ti, soy tonto y menso y las veces que lo hice, tan lejos, de ti, me perdí!
Yo, no se que siga ahora…
Tu si, pero con toda mi humildad te pido, que lo que venga, me des toda la fortaleza que me queda, para alegrarme o llorar, para resistir lo que ahora haya que vivir.
Carta a ti, mi Dios.
José

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